
El 30 de junio de 2014 tomé el curso de fotografía analógica con Tomás Cortés Rosellot. Usé una cámara Pentax K-1000 , y un rollo ALFRED Blanco & Negro ISO 200. La cámara que usé la compré en Foto Halcón en Vía Veneto cuando tenía 16 años con el dinero que me pagaron por un Game Cube. Hoy le petenece a mi amigo Simon Tejeira.
Estos fueron los momentos que capturé:
Este gato estaba echado al lado de una vendedora de lotería — pueden ver la mesa en la parte superior izquierda de la foto. Me pareció que estaba viendo hacia el futuro con una cara seria pero optimista. Tal vez este optimismo refleja lo que en ese momento sentía — y todavía siento — sobre Panamá: un lugar de oportunidades para personas de todo el mundo.
No podía faltar una imágen de Tomás, el profe. Un artista de primera categoría y una legítimamente buena persona.
Dado que la Pentax K-1000 que usé tenía problemas con el fotómetro, todo lo tuve que tomar al ojo y con ayuda de los demás que iban caminando que sí tenían fotómetros funcionales. En el lado izquierdo de la foto pueden ver a mi amigo Alfonso Grimaldo, tomando también sus primeras imágenes. Tendré que pedirle el espejo de esta foto, si es que la tomó.
La entrada a salsipuedes — un callejón angosto lleno de pintorescos comerciantes que se ha ganado su lugar en el folklore de la ciudad de Panamá. He oido que antes se podía ver el mar al final del callejón.
Tanto en la Avenida Central como en área de Calidonia, hay varios locales que compran prendas de oro para probablemente derretir y vender. Este local me llamó la atención por contrastar con el resto del edificio en el que se encuentra alojado por la diferencia en el mantenimiento. Una prueba de que "el ojo del dueño engorda el caballo" — o en este caso — el ojo del dueño no deja duda alguna de la naturaleza de su negocio con pintura en las paredes.
Esta es una de las esquinas de la intersección de la Calle K con la Avenida Central y me pareció uno de los mejores ejemplos de la pujante actividad comercial de la Avenida Central. El contraste entre la arquitectura del edificio y los rótulos evidencian que este es un lugar vivo y no un monumento — como muchos quisieran que fuera.
Mi amiga Ana Elena Tejera aparece en esta foto comprando pixbae — o pejibaye como aprendí a llamarlo de pequeño. Esta es una típica escena de la Avenida Central y en general de la ciudad de Panamá.
Conozcan a doña Luz. Ella trabaja prácticamente todos los días vendiendo vegetales en un puesto en la Avenida Central. En esta foto, doña Luz aparece con sus rulos alistándose para el resto de la semana. Le prometí que le llevaría esta foto enmarcada. Aún tengo que cumplir esta promesa.
Cerca del puesto de doña Luz se ve una gran variedad de alimentos — necesidad primordial de toda persona — en venta. Es increíble el nivel de interdependencia al que hemos llegado.
En la ciudad de Panamá abundan las "casas de": la Casa de las baterías, la Casa de la tolda — y en este caso — la Casa del cumpleaños, bodas, fiestas y quinceaños. Estos negocios tienden a tener fotos o caricaturas de sus productos para que todo el mundo entienda claramente lo que venden — a pesar de sus reveladores nombres.
Una foto de la salida de una tienda propiedad de la comunidad indígena Emberá y Wounaan a la que pertenece mi amiga Sara Omi. En este local, venden telas diseñadas por miembros de la comunidad Emberá y Wounaan que mandan a reproducir e importar de Asia. Salvo tal vez el Canal, no puedo pensar en algo que ejemplifique más la vocación comercial de Panamá que la producción de una tradición ancentral sea tercerizada a fábricas en Asia.
Este edificio tiene un mosaico que relata la llegada de los españoles al Istmo. Otro monumento viviente y con actividad en la Avenida Central.
Al igual que el ham pao cantonés, y el gyro griego, la pizza es parte integral de la cultura panameña. En plena Avenida Central vemos evidencia de esto.
Esta foto algo sobreexpuesta por accidente, muestra un edificio de arquitectura neoclásica totalmente abandonado. Al parecer no tieen techo y sólo queda la fachada que está poco a poco cubriéndose de planas y enredaderas. Espero que algún emprendedor con capital suficiente rescate este monumento.
Estas dos fotos son de la plaza de Santa Ana. El arrabal de la ciudad de Panamá — la parte de la ciudad que se encontraba fuera de las murallas y más allá de la Puerta de Tierra — se llamaba Santa Ana. La división entre el arrabal y la ciudad fue tema definió gran parte de la historia urbana panameña. El poeta Demetrio Herrera Sevillano incluso compuso una famosa poesía sobre este lugar: Parque de Santa Ana. Hoy se encuentra en el borde del Casco Antiguo de la ciudad de Panamá que ha sido poco a poco restaurado.
Como en toda plaza latinoamericana, no podía faltar la una iglesia Católica. Aunque cada vez parecen llegar menos y menos feligreses, sigue ciendo un lugar importante en el área.
Tomé esta foto para evidenciar los cambios que ha sufriedo nuestro idioma a través del tiempo. Nadie decía "farmacia" antes, sino "botica". Siempre recuerdo a mi abuela Aida Gurdián pidiéndome que le hiciera el favor de ir a la botica por alguna cosa.
La Joyería Hawaii "Como la Hawaii no hay" muestra nuevamente la cara comercial de la Avenida Central. Esta es la parte de la ciudad de Panamá que realmente se parece al resto de las ciudades latinoamericanas donde hay calles peatonales con comercios de todo tipo.
El Banco Nacional de Panamá no es el banco central de Panamá porque no existe tal cosa como un banco central. La Constitución de 1904 — que ojalá se pudiera emular en la actualidad — introdujo el artículo que causó que la historia económica panameña fuera totalmente diferente a la de sus vecinos:
Art. 117. "No podrá haber en la República papel moneda de curso forzoso. En consecuencia, cualquier individuo puede rechazar todo billete u otra cédula que no le inspire confianza, ya sea de origen oficial o particular"
La libertad monetaria es — aún hoy — un pilar económico en Panamá.
Aquí culmina el primer viaje del daguerrotipo pero aún quedan muchos momentos por capturar y muchas historias que contar.


